Según Frege, la lógica, que es una disciplina científica, no solo se orienta a buscar la verdad, también se dedica a establecer las leyes de lo verdadero, y así, la lógica tendría un importante papel que desempeñar en las ciencias. Para establecer las leyes de lo verdadero, primero tenemos que tener en cuenta que lo verdadero no se puede definir bajo ningún término. No existe nada que podamos decir que algo sea verdadero porque no tiene sentido.
Supongamos, por un momento, que estamos en Colonia, y delante de nosotros tenemos la catedral de Colonia, y que verdaderamente es la catedral de Colonia. ¿Qué me permite establecer que esa catedral es verdaderamente la catedral de Colonia? Si la catedral de Colonia es verdaderamente tal y no la de Hamburgo, no puedo decir que lo verdadero sea la catedral de Colonia, porque si dejase de existir la catedral de Colonia, también tendría que dejar de existir lo verdadero, y eso es imposible. Por lo tanto, lo verdadero solo se corresponde consigo mismo, no con nada físico.
Sin embargo, puedo pensar que la catedral de Colonia es tal, y que mi pensamiento es verdadero. Así, lo verdadero parece que se corresponda con nuestro pensamiento, pero no con un pensamiento concreto puesto que una correspondencia sólo puede ser perfecta cuando las cosas que se corresponden coinciden, y lo verdadero y el pensamiento no coinciden, con lo cual lo verdadero, aunque tenga una relación con el pensamiento, es distinto a él.
¿Qué es el pensamiento? Si huelo en la cocina mi cena, la verdad de ese hecho la averiguo a traves de mis sentidos, pero también puedo afirmar que no huelo nada, y esa verdad no se averigua a través de los sentidos, y así lo verdadero no tiene que ver con ellos. Los sentidos solo nos proporcionan información, pero luego afirmamos si son verdaderos o no.
Veamos el siguiente ejemplo, el caso del Doctor Lauben:
El doctor Lauben está herido. Él se da cuenta y se forma un pensamiento de que él, verdaderamente, está herido. El doctor tiene la intención de comunicar su pensamiento, X, a su ayudante más cercano. Cuando el ayudante se entera de que el doctor está herido, se formará su pensamiento, Y. Ambos pensamientos, X y Y, son distintos porque el ayudante no siente el dolor que padece el doctor. Luego, cuando el ayudante comunique su pensamiento Y a la hermana del doctor, que está en las afueras de la ciudad, la hermana se formará otro pensamiento, Z, sin haber visto al doctor Lauben en persona. Y así podríamos continuar sucesivamente. Podemos ver que ninguno de los pensamientos es idéntico, que no se pueden compartir, pero que todos son pensamientos verdaderos.
Esto nos lleva a la siguiente cuestión:¿cómo puede lo verdadero tener relación con el pensamiento, que es algo que no se puede compartir y que es único en cada persona? Esta cuestión nos puede hacer pensar que la verdad es relativa. Pero Frege no está de acuerdo y se propone desmontar esta idea.
Además, si el pensamiento forma parte de nuestro mundo interior y nos pertenece, cada uno de nosotros posee lo verdadero y nadie más. Incluso podríamos llegar a pensar que la verdad del mundo exterior está en nuestro interior. Incluso yo mismo sería una representación, pero al serlo entonces no habría poseedor alguno de todas mis representaciones, de manera que se cae en el absurdo total. Esta manera de pensar es característica del idealismo alemán del siglo XIX.
Para rebatir el idealismo y el relativismo, observemos los siguientes ejemplos:
Estoy con mi compañera delante de un prado. Tanto ella como yo estamos convencidos de que los dos vemos el mismo prado. Sin embargo, cada uno tiene una impresión particular del prado. Por lo tanto, cada uno es portador de esa impresión.
Veo una manzana roja, pero el rojo no es una propiedad de la manzana sino una percepción sensorial que yo tengo al verla. Por lo tanto, parece que soy yo quien indica las propiedades de todas las cosas y que soy el portador de ellas.
Tengo delante de mi un ejercicio de matemáticas y tengo que resolverlo con el teorema de Pitágoras. Dicho teorema, sin embargo, no lo poseo completamente porque lo puedo compartir con mis compañero de clase. Nadie es portador del teorema.
Entre estos tres ejemplos, ¿cuál es la diferencia que se observa?
En los dos primero estamos hablando de algo que poseemos: yo tengo una impresión del mundo exterior, y ese sentir es mio. Esto lo llamamos representación.
Pero en el tercer ejemplo, mis compañeros de clase y yo compartimos algo y lo comunicamos, sin poseerlo, y a esto lo llamamos el pensamiento. Distinguimos, por lo tanto, entre representación y pensamiento. Las representaciones las poseo y las puedo compartir, pero nadie tendrá la misma representación que pueda yo tener. En cambio, el pensamiento lo comparto y nadie lo posee completamente en su mundo interior. La ventaja del pensamiento es que nos libera de nuestro mundo interior para conocer el mundo exterior, para comunicarnos de manera intersubjetiva e intertemporal.
FREGE, Gottlob, (1918), “Der Gedanke: eine logische Untersuchung”.


